Analfabetas en el amor

Actualizado: jun 30


Cuando entré a la universidad me di cuenta que no sabía ni leer ni escribir. Los primeros seminarios que tomé fueron un calvario porque no tenía concentración ni capacidad de análisis. Y escribiendo no me iba mejor: mi redacción era un meollo textual. Aprendí en 7mo semestre, con una profesora que tenía la firme intención de mostrarnos que no sabíamos leer ni escribir. Para lograrlo tuvo que romper muchos paradigmas y taras que nos enseñaron desde una tierna infancia. Tuvo que ingresar a nuestro disco duro y formatearlo. Ir a sus clases fueron peor que un parto, pero hoy en día veo los frutos de esa hazaña.


Me gusta pensar en los actos de leer y escribir cuando pienso en el amor. Se podría decir que ya todos sabemos hacerlo, pero la verdad es que hacerlo bien no es para nada fácil.

Hay una clave que nos ayuda a recibir y dar amor de la mejor manera, y que CS. Lewis escribió así: EL AUTÉNTICO AMOR REQUIERE VULNERABILIDAD.


Al momento de amar, hacemos justamente lo contrario porque más que buscar el amor lo que buscamos es satisfacción, entretenimiento, compañía, y muchas otras cosas que no son amor. Nos escudamos tras de la falta de compromiso para no enamorarnos, evitamos sacrificarnos por la otra persona y sólo velamos por nuestro bienestar y felicidad… y precisamente eso es lo contrario a la vulnerabilidad.


Pero entonces ¿qué es ser vulnerable?


Ser vulnerable significa quitarnos las máscaras, mostrar nuestras debilidades, dejar nuestros escudos a un lado, alejarnos de nuestra comodidad. Es como desnudarnos interiormente y dejarnos ver por a otra persona. Tal cual somos.


Muchas veces hemos tenido malos maestros en el amor, y nos puede pasar como lo que me pasó en la Universidad: pensé que sabía leer pero cuando me entregaron los primeros resultados me di cuenta que estaba muy lejos hacerlo bien. Tener malos maestros conlleva a que generemos rutinas, realicemos ejercicios y obtengamos resultados mediocres que van en dirección opuesta a lo que anhelamos. Y lo peor de todo es que una vez aprendidos es muy difícil des-aprenderlos. Pero no es imposible. Para eso se necesita un buen maestro, y el mejor de todos es Cristo.


Analicemos su vida: nacer en un pesebre rodeado de burros y bueyes es nacer en un lugar vulnerable. Pasar toda la vida recorriendo el mundo sin tener casa, trabajo o cualquier comodidad es escoger una vida vulnerable. Morir como el peor de los rufianes, desnudo y clavado en una cruz es morir de la manera más vulnerable posible.

¿Por qué Dios, viviendo en la gloria del Cielo, escogería venir a la tierra a ser el más vulnerable de los seres humanos? Quizás porque ese es el ejemplo para enseñarnos a amar. Él vino a ser maestro de amor, y su vida es un modelo de cómo se ama de verdad.


No importa cuál fue nuestra escuela de amor (hay unas mejores que otras indudablemente). Lo que importa es que Cristo es el mismo siempre, y nunca deja de enseñarle a quienes se acercan a Él. Si queremos dejar de ser analfabetas en el amor debemos querer aprender, y de la misma forma que leer es un hábito, amar también lo es.


Cuando empecé a escribir me di cuenta que necesitaba leer bastante porque esa es la mejor forma de hacerlo bien. Leer es acoger las palabras de los demás, y escribir es encontrar las propias. Al final es un ejercicio de ida y vuelta. El amor también es de ida y vuelta: aprendamos a ser vulnerables, pero también aceptemos y recibamos la vulnerabilidad de los demás. Jesús nos dejó una pista para esto “Ama al prójimo como a ti mismo” (Lc 10:27). Una gran clave. Pero ¿la entendemos de verdad?


Muchas veces pasa desapercibido que esta frase exige un punto de referencia: como a mí mismo. Esto significa que yo soy el punto de referencia para amar a los demás. ¿Me amo de verdad? ¿Me acepto? ¿Me perdono? ¿Me entiendo? ¿Me dedico tiempo y me consiento? ¿Me doy permiso de ser vulnerable?


Alguien que no se acepta a sí mismo ¿cómo va a aceptar a los demás?


Alguien que no se perdona los errores ¿cómo se los va a perdonar a los demás?


Alguien que no tolera ser vulnerable ¿cómo va a recibir la vulnerabilidad de los demás?


Una sana autoestima conlleva casi simultáneamente a una sana relación con los demás. El punto aquí es: ¿cómo construirla?


En la noche de mi conversión me pasó algo increíble: estaba en Adoración y le pregunté a Dios por qué me había llevado a ese lugar si Él sabía muy bien quién era yo. En pocas palabras fui vulnerable ante Él porque no tenía absolutamente nada que ofrecerle, ni siquiera dos panes o cinco peces. Entonces pude sentir Su amor: me dijo que le dejara todos mis problemas en Sus manos y me dejara amar por Él. Desde esa noche mi vida se trasformó radicalmente, y aunque seguir a Cristo es difícil porque hay que andar por el camino estrecho, cada paso, raspadura y tropiezo vale mucho la pena.


Cuando nos acercamos a Dios sucede algo muy cierto que alguien expresó muy bien “en los juicios humanos se castiga a quien confiesa su culpa; en el juicio divino, se le perdona”. Para amarnos a nosotros mismos debemos encontrar nuestro valor, y Cristo vino al mundo para enseñarnos que somos tan valiosos que prefirió morir antes que pasar la eternidad sin nosotros. Cristo nos quiere amar, y para hacerlo nos acepta tal cual somos (con nuestras fallas y debilidades).


Muchas veces somos nosotros quienes no nos aceptamos y pensamos que Dios tampoco lo hará. Mostrarle nuestros pecados, fallas y errores significa ser vulnerables ante Él. Esa es la única forma en que podremos sentir Su amor. Una vez lo hallamos recibido, estaremos listos para ir a dárselo al mundo entero.

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