Malnutrición Afectiva


Malnutrición afectiva

Comer bien y hacer ejercicio son actividades que muchas personas realizan porque la conciencia del bienestar que generan está cada vez más generalizada. Creo que esa misma conciencia de bienestar la debemos tener con nosotros mismos al momento de escoger nuestras relaciones.


Hace algunos meses terminé una relación de la que salí muy adolorida, y en una noche de profunda tristeza le escribí a una gran amiga un tratado de odio a los hombres, y dije que no volvería a confiar en ninguno de esos grandes ya-saben-qué.


Mi amiga me llamó muerta de la risa (porque en verdad me desparramé en prosa), pero con un gran cariño me dio uno de los consejos más valiosos que he recibido en mi vida:

“Hermana, su diagnóstico es que usted se intoxicó. Usted sabía muy bien que NO debía comer de ese tipo de “platos” porque alguien como él NO es lo que usted anhela tener en su vida, y de terca se metió en el “restaurante” equivocado. Bueno, ahora es obvio que le duela el corazón porque ese chistesito le salió caro: se intoxicó y punto. Ahora lo que tiene que hacer es darse masajitos de amor en el corazón porque se tiene que mejorar. Y el día de mañana hágame el favor de NO volver a meterse con alguien así, porque ambas sabemos muy bien que usted ama el amor”.


Gracias a esas palabras pude volver a dormir tranquila y aunque me seguía doliendo sabía que era cierto. Lastimosamente hoy en día estoy viviendo algo que quiero llamar “malnutrición afectiva”.


Comer sano es un hábito que no es muy divertido pero que es sumamente necesario. Llegará un momento de nuestras vidas en que nos daremos cuenta ya sea de los beneficios que trajo una dieta saludable, o de las terribles consecuencias que produce una alimentación anti-nutritiva. Así como comer sano es un hábito, darse un tiempo para conocer a la otra persona también lo es. Obviamente es mucho más rico dejar volar las mariposas que se sienten cuando uno conoce a alguien especial de primerazo, que agüantarse las ganas de darle un beso. Pero esa espera puede traer muchísimos beneficios porque permite conocerse con calma y tranquilidad, y alejarse ó apostar con mucha más conciencia y considerablemente menos dolor.


Hoy en día la comida chatarra es mucho más fácil de conseguir que la comida sana, además es mucho más barata. Desafortunadamente pasa lo mismo con las relaciones: el mundo nos vende una idea bastante deforme e irreal de lo que significa amar de verdad, de entregarse y donarse sin reservas y sin temor. Si nos nutrimos de esa idea deformada y facilista de las relaciones, tarde o temprano tendremos que afrontar las consecuencias.


Hoy por hoy soy muy consciente que me cuesta confiar en los hombres. Me cuesta creer que soy suficiente. Aconsejo a muchos a que le den una oportunidad al amor, pero cuando es mi turno prefiero hacerme la loca y escurrirme por la tangente… y esa es una de las consecuencias de no haber escogido responsablemente las relaciones con los hombres.


Lo grave de esto es que la malnutrición afectiva puede generar actitudes difíciles de revocar, y al momento de conocer a alguien que vale la pena, no vamos a saber cómo actuar.

Pero con Cristo nada está perdido porque “todo lo puedo en Aquel que me fortalece” (Fil 4:13). Si Cristo pudo vencer el poder de la muerte y del pecado, también nos puede ayuda a superar los efectos de cualquier malnutrición afectiva. Y no hay que olvidar que “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rom 5:20).


Y debo aceptar que le agradezco todas las enseñanzas y el crecimiento personal que he adquirido con cada una de las experiencias que viví porque “también sabemos que Dios dispone todas las cosas para bien de los que Lo aman” (Rom 8:28). Hay algunos que aprenden por las buenas, y a otros nos funcionan métodos menos convencionales. No es el mejor camino y mucho menos el más fácil, pero al final se aprende la misma lección.


Soy consciente que debo esforzarme por generar hábitos sanos en mis relaciones. Así como la alimentación sana y el ejercicio son disciplinas diarias, la nutrición afectiva también lo es: orar por mi futura pareja (y por mi), desarrollar la templanza, confiar y creerle a Dios (que no es tan fácil como parece), evitar situaciones en donde puedo volver a caer en la malnutrición afectiva…


Sé que de la mano de Dios y tomando en serio mi afectividad llegará un día en que le pueda ofrecer al hombre que Él escoja para mí un corazón sano que sepa y quiera amar sin temor ni reservas.


Para terminar sólo quisiera recordar una frase que me llena de esperanza y de valor, escrita por un gran sacerdote que admiro mucho y a quien le tengo un profundo cariño: “¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo” (Benedicto XVI).

Escrito por: Cristina Umaña Balen




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