Mantenimiento personal

¿Cuál herramienta crees que puede durar más y servir mejor? Una a la que se le hace mantenimiento constante, no se utiliza en tareas para las que no fue diseñada y se deja en lugares donde esté protegida de circunstancias que la puedan echar a perder. O una herramienta que después de abierta nunca se vuelva a revisar, que sea utilizada en tareas que no corresponden a su diseño y que se la deja en cualquier lugar sin importar dónde.


Es curioso que cuando se trata de objetos, los sabemos cuidar y tenemos una conciencia de su valor y de lo que necesitan para seguir funcionando. En cambio, cuando se trata de nosotros mismos y de las personas que amamos, a veces ni siquiera se nos ocurre que es necesario tomarnos el tiempo para cuidarnos y hacer un “mantenimiento personal”.


¿Por dónde empezar?


Quizá nunca hemos hecho el ejercicio de auto-cuidarnos y de cuidar a quienes amamos, ya sea porque no tenemos el tiempo suficiente, porque nadie nos ha hablado de esta posibilidad, porque no creemos que sea necesario, o por miles de razones. No importa cuál sea la razón, siempre se puede comenzar. La mejor manera para hacerlo es tomarnos un minuto y hacer la pregunta del millón de dólares: ¿qué necesito / qué me puede ayudar justo en este momento? ó ¿qué podría necesitar esa persona que amo?


Muchas veces funcionamos en piloto automático: tenemos una rutina, unos objetivos establecidos, unas actividades y responsabilidades fijas. Todo eso es bueno, pero puede ser un arma de doble filo porque esas actividades nos alejan de la pregunta que abre la puerta del cuidado emocional: ¿necesito algo?




¿Qué es una necesidad?


Para responder esto te voy a contar un cuento famoso: un niño ve un pequeño dragón en medio de la sala. Va y le avisa a su madre, quien para evitar enfrentarse con el dragón le responde que los dragones no existen. Cuando el niño regresa a la sala, el tamaño del dragón ha aumentado. Vuelve a contarle a su mamá, y ésta vuelve a negar su existencia. El dragón entonces crece otro poco más. Así pasa toda la tarde, y el dragón crece tanto que supera el tamaño de la casa y la eleva unos 30 metros por encima del suelo. Cuando llega el padre, se da cuenta que no puede entrar porque hay un dragón que se ha tomado su casa. Finalmente, la madre decide hablar acerca del dragón, y mientras va enfrentando la situación, el dragón se va haciendo más pequeño, hasta el punto de desaparecer y la casa vuelve a su lugar original.


Esto mismo nos puede pasar con nuestras necesidades: NO LAS QUEREMOS VER. ¿Por qué? Porque cuando las vemos, éstas nos exigen buscar recursos, salir de nuestra zona de confort, confrontar nuestras creencias. Nos muestran que tenemos que hacernos cargo.


El mantenimiento afectivo suena encantador, pero si en realidad te atreves a hacerlo, te darás cuenta que empieza a ser encantador sólo después de un arduo trabajo de conocer tus necesidades y las de quienes amas, y buscar los medios para satisfacerlas.


Cómo comenzar:


Aquí te dejamos algunas ideas de cómo empezar a hacerte mantenimiento personal:


  • Piensa en una actividad en soledad (es decir, una que no requiera compañía), que te genere bienestar, que disfrutes y te suba los ánimos. Abre un espacio en tu agenda para hacerla en esta semana. Cuando termines, date 5 minutos para hablar contigo acerca de cómo te sientes.


  • Busca un lugar que te guste y al que puedas ir. Prepárate alguna bebida, postre, plato que te guste y disfrútalo en ese lugar a solas. Estando allí, conversa contigo como lo harías con una persona muy especial.


  • Atrévete a hablar con Dios: Él es tu creador, quien te conoce mejor que nadie. Intenta hacerle alguna pregunta y dale la posibilidad de responder. A veces le hacemos miles de preguntas pero no le abrimos el espacio para que pueda hablarnos… Déjate sorprender por lo que anhela mostrarte de ti.


Los enormes beneficios de esta tarea hacen que las dificultades de llevarla a cabo valgan la pena. De lo único que te arrepentirás es de no haber comenzado antes.

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